Mini-cuadernos JoJaJo, mi primera “lean startup”.

24 julio, 2013 — 1 Comentario
Mini Cuadernos JoJaJo

Reproducción de la 1ª y 2ª versión de los mini-cuadernos JoJaJo

Hace un par de años, cuando empecé a leer acerca de la metodología de creación de empresas “lean startup” de Eric Ries, recordé una anécdota de mis tiempos del colegio que puede servir para ilustrar las características básicas de dicha metodología.

Cuando tenía diez años, los Reyes Magos, que nunca me trajeron el Scalextric, me regalaron una práctica grapadora. Cuando hacíamos en clase algún trabajo que requería ser grapado, solíamos pedirle al profesor que nos lo grapase con la suya. Así que con mi flamante regalo, a mi compañero de pupitre y a mí se nos ocurrió fabricar varios cuadernos de pequeño tamaño que sirviesen para apuntar las tareas del cole.

Los únicos materiales de que disponíamos eran los típicos de los escolares en los años 80: un estuche con un lápiz, una goma, un boli de dos colores y una regla. También teníamos un cuaderno cuadriculado del que arrancaríamos las cuartillas para fabricar nuestros preciados mini-cuadernos.

El primer mini-cuaderno que hicimos consistió en cortar a mano, previo doblado, varias hojas de pequeño tamaño, apilarlas y graparlas en un lateral. Hicimos media docena de mini-cuadernos, empezamos a usarlos y vimos que efectivamente cumplían su cometido: podíamos apuntar las tareas diarias escribiendo con un tamaño de letra pequeño. Se los mostramos a los compañeros de los pupitres más próximos. Nuestro producto despertó bastante interés, querían tener uno parecido. Querían comprarnos uno. Pero nos dijeron que no eran unos verdaderos mini-cuadernos. Los auténticos cuadernos llevaban la grapa en el centro, como los tebeos, y no en un lateral como la habíamos puesto nosotros. En cualquier caso apuntamos qué compañeros querían comprarnos un cuaderno cuando lo tuviésemos listo, eran siete.

Atendiendo a sus sugerencias volvimos a hacer nuevos mini-cuadernos. Además con la primera serie de cuadernos habíamos aprendido cuántas pequeñas hojitas podíamos obtener al dividir cada cuartilla y cuál era el número mínimo de páginas que debía tener un mini-cuaderno para ser aceptable. Como no queríamos agotar nuestros cuadernos cuadriculados, aprovechábamos las cuartillas totalmente, dividiéndolas sucesivamente. Para esta serie trajimos tijeras de casa para cortar las páginas, con lo que mejoramos el resultado.

Tras esta segunda prueba obtuvimos una nueva serie de cuadernos muy chulos. Estábamos tan contentos con el resultado que ideamos ponerles un nombre. Se llamarían mini-cuadernos JoJaJo, nombre derivado de los nuestros: José Javier y Jokin. Escribimos nuestra marca JoJaJo en pequeñito en una esquina de la portada de cada mini-cuaderno y volvimos a mostrarlos a los compañeros que se habían interesado anteriormente y sondeamos el precio. Algunos empezaron a ofrecernos 5 pesetas por cada mini-cuaderno y nos pareció un precio ¡más que razonable! Un cuaderno nuevo costaba 50 pesetas. Pronto habíamos vendido 15 mini-cuadernos. Además le encontraron usos adicionales al que pretendíamos: varios compañeros querían uno para escribir su diario, otros los querían para apuntar semanalmente en cada página los resultados de su liga de fútbol, etc. Algunos incluso querían comprar varios cuadernos. ¡Estábamos sorprendidos de nuestro éxito! Teníamos dinero de sobra para comprar un cuaderno cuadriculado nuevo y nos sobraba dinero para comprar más grapas cuando se nos acabasen. Además era un gran negocio: un cuaderno nuevo tenía 80 hojas y nosotros con cada hoja fabricábamos un mini-cuaderno. Era un negocio muy rentable.

Pensamos añadir portada y contraportada de cartón, pero lo desestimamos porque nos complicaba mucho la fabricación, tendríamos que gastar más en el cartón y sobre todo porque nadie nos lo había pedido.

Ese día aprovechando el tiempo del recreo, José Javier y yo nos quedamos en clase fabricando decenas de mini-cuadernos. Cuando nuestros compañeros volvieron a clase comenzamos a venderles nuestros cuadernos. La principal red social de entonces, el boca-oreja, funcionó de maravilla. Enseguida nos llegaron compradores de otras clases y para final del día habíamos vendido 50 cuadernos JoJaJo.

Hubo un intento de imitación por parte un compañero, pero a pesar de bajar el precio apenas vendió dos o tres unidades. Habíamos creado marca y no pudo competir con los auténticos JoJaJo.

Atendiendo a la solicitud de varios compañeros, al día siguiente fabricamos además del primer modelo exitoso, otros modelos de mini-cuadernos: uno algo mayor, otro con hojas milimetradas, otro con hojas en blanco, etc. Y todos ellos tuvieron aceptación, con lo que seguimos incrementando las ventas. ¡Nuestra empresa iba viento en popa!

Antes de contar el final de la historia, veamos el paralelismo con la metodología Lean Startup.

En realidad inicialmente nosotros no pretendíamos hacer negocio, fue tras hacer un primer prototipo cuando vimos la oportunidad. Pero obviando este aspecto los paralelismos son numerosos:

  • Partimos de una idea o hipótesis que queríamos validar en el mercado: los escolares necesitan unos mini-cuadernos para apuntar qué “deberes” tienen que hacer cada día.
  • Creamos un Prototipo o un producto mínimo viable (PMV): nuestro primer prototipo sólo tenía la característica básica de ser de pequeño tamaño. Dejamos de lado características que no eran fundamentales y nos resultaban costosas, como la posibilidad de ponerle una portada de cartón. “Lean” es un término en inglés que significa “flaco”, “magro”. Por eso JoJaJo fue “lean” porque se centró en las características básicas, en el músculo, en lo que permite ser fuerte y ágil y prescindió de la grasa.
  • Lanzamos nuestro prototipo cuanto antes al mercado, sin esperar a tenerlo totalmente acabado: se lo enseñamos a los compañeros más cercanos en el mismo aula, sin esperar al recreo. Y se lo pasamos a los compañeros sin tenerlos acabados: cortamos las páginas manualmente en lugar de con una tijera, les faltaba la marca en la portada y tenían pocas páginas.
  • Medimos los resultados de las ventas: apuntábamos cuántos nos querían comprar, qué características les gustaban y cuáles no, qué usos iban a dar a nuestro producto, si el precio les parecía adecuado, etc.
  • Aprendimos del mercado con cada ciclo de iteración para optimizar el producto y perseverar: cada vez que hacíamos una serie de mini-cuadernos aprendíamos tanto del proceso de fabricación como de la interacción con nuestros compañeros clientes. Y modificábamos nuestros cuadernos según lo que habíamos aprendido.

Nota: Si los mini-cuadernos no hubiesen cuajado, el método lean startup nos hubiese recomendado pivotar, cambiar de estrategia para abordar el mercado. Afortunadamente no fue el caso y ahora es una incógnita si hubiésemos pivotado o tirado la toalla.

Píldora magra contra la grasa:

– Ciclo de aprendizaje en tres fases: Construir (un prototipo o PMV) – Medir – Aprender

– Experimentación con ciclos de desarrollo cortos, rápidos.

– Perseverar o pivotar: los experimentos sirven para saber cuándo perseverar en lo que se hace o cuando pivotar el modelo de negocio cambiando alguna de sus premisas básicas.

Epílogo. El final de la historia:

Al tercer día de ventas, cuando superábamos los 100 cuadernos vendidos, nosotros mismos pusimos fin a nuestra “lean startup”. Dejamos de fabricar nuestros JoJaJo e incluso devolvimos el dinero a los últimos compradores cuya venta recordábamos. La razón: nos entró mala conciencia, creíamos que estaba mal cobrar a nuestros compañeros, hacernos ricos tan rápidamente y relativamente con tan poco esfuerzo. Visto en perspectiva nuestro comportamiento final puede parecer absurdo. Pero la cultura de emprendimiento en la España de los años 80 era más que baja, era incluso negativa. Una pena… pero de todo se aprende.

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Trackbacks y pingbacks:

  1. “Una startup es una experiencia de aprendizaje” Entrevista a David Gómez cofundador de Hiyalife. « Pasión por Startups - noviembre 13, 2013

    […] Es muy recomendable aprender cosas de los usuarios antes de gastar en desarrollar el producto. (Esta idea tiene relación con las metodologías lean startup de las que hablé en el post “Mi primera lean start-up“). […]

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